MI HISTORIA
Soy Alberto, aunque la mayoría me conoce como Shiro. A los 8 años me diagnosticaron la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes. En ese momento pensé: “¿por qué justo a mí?”. Era duro, claro, pero nunca fui un chaval asustado. Al contrario: era valiente, y si me tenía que enfrentar a alguien, lo hacía. No buscaba problemas, pero tampoco los esquivaba.
Entre hospitales, dolores y la silla de ruedas, aprendí a sobrevivir. Me refugiaba en hacer reír, en ser el gracioso, y poco a poco también empecé a encontrar otro refugio: el mundo de la informática. Pasaba horas delante del ordenador, jugando, investigando, trasteando. Ahí descubrí una pasión que más adelante también formaría parte de mi vida profesional.
Etapas de mi vida
Infancia complicada
Mis padres se separaron, el alcohol estuvo presente en mi familia más de lo que me habría gustado, y el dinero siempre fue un problema. Más de una vez temimos perder la casa. Yo no era buen estudiante, y prefería perderme en los videojuegos o en YouTube. Desde los 16 trabajaba limpiando gimnasios para poder pagarme mis cosas sin cargar a mi madre.
Adolescencia y obesidad
El sedentarismo me pasó factura: con 15 años pesaba más de 80 kg. Me refugiaba en el ordenador, y cuando empecé a crecer, las bromas se transformaron en insultos. Fue un choque duro de realidad que me hizo abrir los ojos: no podía seguir así.
El gimnasio y el cambio
A los 18 descubrí el gimnasio. No fue fácil: mi cuerpo tenía limitaciones y mi sobrepeso tampoco ayudaba. Pero tenía una motivación enorme: mi hermana Tamara Jiménez empezaba a competir en bikini fitness, y verla me demostró que cambiar era posible. El entorno culturista y esa inspiración me hicieron lanzarme. Y descubrí que podía transformar mi cuerpo y mi cabeza.
Hoy
Hoy soy entrenador personal. Lo que más me llena no es solo ver músculos crecer, sino ayudar a personas inseguras a recuperar la confianza y a quererse. El dolor sigue ahí: la cadera, la ingle, la rodilla… y siempre con el miedo a la artrosis. Pero también soy técnico de Konica Minolta (y otras marcas), lo que significa que muchas veces me toca cargar máquinas por escaleras. Sí, suena a chiste, pero es real. Mi vida es un equilibrio constante entre luchar contra mis limitaciones y ayudar a otros a superar las suyas.
Preguntas frecuentes
¿Se cura? No. No desaparece. Se controla y se aprende a convivir con ello.
¿Duele? Sí, siempre. Unas veces más, otras menos. Especialmente en cambios de tiempo o entrenando pierna.
¿Alguna vez pensaste que no volverías a caminar bien? Sí, muchas veces. Y aún hoy tengo días en los que cojeo o el dolor me recuerda lo que tengo.
¿Tuviste depresión? Sí, varias. Incluso pensamientos suicidas. Pero descubrí que rendirme no era una opción.
¿Por qué sigues entrenando si duele? Porque es peor no hacerlo. El gimnasio me dio fuerza, confianza y libertad. El dolor no se va, pero me hace más fuerte.
¿Y si alguien con esta condición entrena mal? Puede ser un desastre: lesiones serias y artrosis acelerada. Aquí hay que hacer las cosas bien.
¿Te da miedo el futuro? Claro. Me aterra pensar en cómo estaré dentro de 20 años. Pero prefiero aprovechar ahora, entrenar, ganar músculo y elasticidad, que quedarme de brazos cruzados esperando lo peor.
